viernes, 8 de septiembre de 2017

Indiferencia


Mujeres en la guerra


Violencia de género ¿qué entendemos por éste? Se presenta de múltiples formas, pero un se dan casos donde el silencio es la única alternativa de solución. A diario se presentan casos, en el expuesto aquí es la guerra.

Según el DANE, actualmente 24.953.862 de mujeres en Colombia, frente a 24.337.747 de hombres, es notoria la diferencia, no es alarmante, pero si ha sido una de las razones para que las mujeres, a lo largo de la historia colombiana se hayan convertido en instrumento de guerra.

Leyes

En cuanto a política pública el país se ha puesto a la tarea de reformar normas tal como la Ley 294 de 1996 en Ley 1257 de 2008, la cual dicta reglamentos para sensibilizar, y penalizar la discriminación contra la mujer.

Es evidente que en grupos armados en Colombia fueron y han sido liderados por hombres, al encontrar a mujeres que se les han rebatado sus hijos, desplazamiento forzado, sido víctimas de violencia sexual, tortura, llevadas sin su consentimiento a vivir la cruda y desgarradora guerra colombiana.

La Ley 1448 de 2011 ampara a las víctimas del conflicto, no solo en el caso de las mujeres, éste brinda un acompañamiento del Estado brindándole oportunidades educativas, laborales, psicológicas y sociales para que hechos así no vuelvan a repetirse además de indemnizaciones monetarias, restitución de bienes, recuperación de la dignidad y la memoria y el derecho a la verdad.

Cifras

“La Unidad para la Atención y Reparación Integral a Víctimas (UARIV), para el 1 de noviembre de 2016, reporta el registro de un total de 7.970.190 personas afectadas por hechos victimizantes en el marco del conflicto armado. De este total, 3.958.997 son mujeres y 1.818 pertenecen a la comunidad LGBTI. Por hecho victimizante se ha identificado hasta el año 2015 en mujeres: 3.369.319 víctimas por desplazamiento, 443.557 por homicidio, 145.848 por amenaza, 73.885 por desaparición forzada, 42.414 por perdida de bienes muebles o inmuebles, 36.275 actos terroristas/atentados/hostigamientos/ combates, 11.272 por delitos contra la libertad e integridad sexual, 8.812 por secuestro, 3.682 por tortura, 2.780 por abandono o despojo forzado de tierras, 2.468 Niñas y adolescentes vinculadas y 1.192 por minas antipersonas” (Cardona, Franco, Aldana, 2017).

A partir de esto podemos encontrar que no es algo sencillo de digerir, son cifras que llevan a crear conciencia y darnos una explicación más real del por qué solo por el hecho de ser mujeres o incluso pertenecer a la comunidad LBGTI se es más vulnerable. Es claro que las mujeres dan vida y en medio de esta atroz guerra no puede ser permitido dar a luz a seres en medio del conflicto y mucho más si se hace parte de la guerrilla y distintas partes del momento que atraviesa Colombia, allí donde nadie escucha, donde muy poco se puede hablar y denunciar resulta peor, pues si llega a manos de la prensa se expone el hecho con indiferencia como si fuera una mujer más y que poco a poco se ve más naturalizado.

La violencia no ha acabado, no es solo guerra, y sí digo “no ha acabado” porque pretendo que esto finalice pues es cuestión de valor y memoria histórica, es como si fuese normal ver y que muy pocos le encontremos la relevancia y reflexionemos para cambiar toda aquella forma de violencia y discriminación que se generamos a diario.

Defensoras

Así como en un momento fuimos parte de la guerra, seremos constructoras de paz. Ellas son las lideresas, las defensoras de derechos humanos, las que exigen la reivindicación de las víctimas. Muchas de ellas se han tenido que exponer a señalamientos, estigmatizaciones, también en otros casos han sido parte del mismo conflicto.

En el proceso de paz con las FARC, se debía dar en enfoque de género a éste acuerdo, en él estuvo presente, la representante de ONU Mujeres, la representante del secretario general para la Violencia Sexual en el Conflicto, la Federación Democrática Internacional de Mujeres y Suecia, además de varias víctimas como la periodista Jineth Bedoya, quien también vela por los derechos de las mujeres. Dicho esto, se firmó el acuerdo final en noviembre del 2016 y víctimas del conflicto por ambas partes recibieron un llamado a la paz y al perdón.

Sin embargo, varias de estas víctimas desean recibir el derecho a la verdad, saber las razones, encontrar a sus familiares y que se les garantice que esto no vuelva a ocurrir, ese es un desafío para a quienes les corresponde. Teniendo en cuenta también que hay muchas más personas que esperan recibir una respuesta pero que su conflicto es con otros actores.

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Familiares de víctimas de una masacre guerrillera en 1995

Foto: Jesús Abad Colorado (1995)

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No es un secreto que la cultura colombiana se vea opaco por una patriarcal y machista, esto no permite avanzar.

Aquí se encuentran distintas formas de promoción a la discriminación y violencia de género, algo tan simple como un comentario puede naturalizar la violencia y ser un actor que sin darse cuenta puede seguir defendiendo las ideas patriarcales, como la rivalidad por un empleo, por tareas domésticas, por ver a la mujer como un objeto o simplemente un ser que solo puede dar a luz y nada más. O también casos donde la mujer también promueve esto y no es consciente de que se está perjudicando a sí misma. Somos constructoras de paz, de amor, de bondad, de perdón, de solidaridad por los demás.

La guerra ha sido solo otro motivo por el que la mujer ha tenido que alzar su voz por ella o por otras para ser escuchadas. 







Bibliografía


Cardona Gloria, Franco, Aldana (2017), Forensis (Ed. 1), Bogotá.